Hasta Apple sabe cuándo pedir ayuda
Lo que la alianza Apple-Google nos enseña sobre la soberbia de querer hacerlo todo solas

Andrea Romano
Mindful Digital Strategist
Esta semana Apple hizo algo que hace más de lo que le gusta admitir: pedir ayuda. Lo ha hecho antes con fabricación, con chips, con componentes. Dependió de Intel durante 15 años para los procesadores del Mac. Dejó que Samsung (su competidor directo) fabricara los cerebros del iPhone. Externalizó el ensamblaje a Foxconn.
Pero esta vez es (un poquito) más heavy la cosa
Cuando Apple anunció que pagará cerca de mil millones de dólares al año a Google para que Gemini sea el cerebro del nuevo Siri, no estaba externalizando un componente invisible. Estaba admitiendo que la cara de su producto (el asistente con el que hablan 1.500 millones de usuarios) necesita el cerebro de su principal competidor para funcionar. Y lo hace después de tres años prometiendo un Siri renovado que nunca llegó.
Hablamos de Apple. La empresa que lleva décadas obsesionada con controlar cada detalle de la experiencia del usuario, aunque eso signifique externalizar lo que no se ve. La que Steve Jobs definió así: “Somos la única empresa que tiene todo bajo el mismo techo. Podemos asumir la responsabilidad total de la experiencia del usuario.”
Y sin embargo, ahí está: firmando un acuerdo multianual con Google para resolver un problema que no pudo resolver sola. Y que todo el mundo vio.
Los números detrás del acuerdo
Los modelos propios de Apple tenían 150 mil millones de parámetros. Gemini tiene 1,2 billones. Ocho veces más capacidad. Apple no estaba un poco por detrás, estaba en el inframundo.
El acuerdo no es solo Siri: Gemini potenciará el conjunto de funciones de Apple Intelligence, desde herramientas de escritura hasta generación de imágenes. Bloomberg reporta que Apple evaluó a OpenAI y Anthropic antes de decidirse por Google. Eligieron al que consideraron más capaz, aunque fuera su competidor histórico.
Una relación más compleja de lo que parece
Lo que mucha gente no sabe es que Apple y Google llevan años en una relación económica profunda. Google paga a Apple aproximadamente 20 mil millones de dólares al año para ser el buscador predeterminado en Safari. Leíste bien: veinte mil millones. Es uno de los acuerdos comerciales más grandes del mundo tecnológico.
Para ponerlo en perspectiva: ese pago representa el 36% de los ingresos publicitarios que Google genera a través de búsquedas en dispositivos Apple. Google se queda con el 64% restante, unos 36 mil millones de dólares. Un análisis interno de Google estimaba que si dejaran de ser el buscador predeterminado, perderían entre el 60% y el 80% del volumen de búsquedas en dispositivos Apple. Entre 28 y 33 mil millones de dólares en ingresos.
Un profesor de Georgetown lo conceptualizó así: el acuerdo funciona “como si Google tuviera un 17% de interés pasivo en Apple”. No son acciones, pero el efecto económico es similar. Dos gigantes que compiten ferozmente en público pero que dependen profundamente el uno del otro en privado.
Eddy Cue, vicepresidente de servicios de Apple, testificó en el juicio antimonopolio contra Google que en abril de 2025 las búsquedas en Safari cayeron por primera vez en la historia. Los usuarios están migrando hacia herramientas de IA. Cue admitió que “ha perdido el sueño” por la posibilidad de perder esos 20 mil millones.
Ahora el flujo de dinero va en ambas direcciones: Google paga a Apple 20 mil millones por el buscador, Apple paga a Google mil millones por la IA. Competidores, socios, codependientes.
El coste de invertir menos
Siri llevaba años siendo el chiste del sector. Mientras ChatGPT revolucionaba lo que esperamos de un asistente y Claude demostraba que la IA podía mantener conversaciones con matices, Siri seguía sin entender preguntas básicas. Apple lo sabía. En 2024 prometió un Siri renovado. En 2025 tuvo que admitir públicamente que necesitaban más tiempo. Ahora, en 2026, la solución viene de fuera.
Los números explican por qué:

En 2024 Google invierte 2,5 veces más que Apple en capacidad tecnológica. Y la brecha siguió creciendo: en 2025, Google elevó su inversión en infraestructura a más de 90 mil millones de dólares, mientras Apple se quedó en 13 mil millones.
Daniel Newman, analista de Futurum Group, lo resumió así: 2026 es un año “de hacer o morir” para Apple. El mercado parece estar de acuerdo: Google superó a Apple en capitalización bursátil por primera vez desde 2019. Más de 4 billones de dólares. Los inversores ya saben quién va ganando.
Externalizar el motor, no el criterio
Aquí hay un matiz importante: Apple no se ha rendido del todo. Han externalizado la inteligencia (el modelo de IA), pero han mantenido la infraestructura de seguridad. Gemini correrá en los servidores de Private Cloud Compute de Apple, no en los de Google.
¿Qué significa esto? Private Cloud Compute es la infraestructura que Apple diseñó específicamente para procesar datos sensibles sin que nadie (ni siquiera Apple) pueda acceder a ellos. Cuando Siri necesite usar la potencia de Gemini para responder algo complejo, los datos viajan cifrados, se procesan en servidores que se borran después de cada uso, y nunca se almacenan ni se usan para entrenar modelos. Apple externaliza el cerebro, pero mantiene el control sobre la privacidad.
También han fichado a su nuevo director de IA directamente del equipo de Gemini en Google.
Además, el acuerdo es “white-label”: los usuarios ni sabrán que es tecnología de Google. Apple externaliza el motor, pero el criterio sigue siendo suyo. Es exactamente la diferencia entre contratar a alguien para que haga algo por ti y perder el control de tu negocio.
Y si la historia sirve de guía, esto no será permanente. Apple tiene un patrón: externaliza cuando no puede, pero trabaja para recuperar el control. Dependió de Intel 15 años hasta que desarrolló sus propios chips M1. Usó a Samsung para fabricar procesadores hasta que migró a TSMC. La pregunta no es si Apple intentará independizarse de Google, sino cuánto tardará.
¿Y esto qué tiene que ver contigo?
Ahora piensa en tu negocio. En tu marca personal. En cómo te relacionas con las áreas donde no eres experta.
Hay un discurso muy extendido que dice que una buena emprendedora domina el marketing, las finanzas, la estrategia, el diseño, la tecnología, las ventas y la gestión. Que tienes que aprenderlo todo tú misma para ser “independiente”. Es mentira. Es una mentira que vende cursos, genera ansiedad y hace que mujeres talentosas se sientan fracasadas por no poder con todo.
Si Apple, con sus 150 mil empleados y sus reservas de efectivo de 162 mil millones de dólares, no puede desarrollar una IA competitiva sola, ¿por qué tú deberías poder con todo?
Las emprendedoras que conozco que más han crecido no son las que saben de todo. Son las que saben muy bien de qué saben y de qué no. Y actúan en consecuencia.
En 2026 no te cases con ninguna suscripción
Hay otra lección en este acuerdo que merece atención: el panorama de la inteligencia artificial está cambiando tan rápido que atarte a una sola herramienta con una suscripción anual puede ser un error bastante caro.
Piénsalo. Hace pocos meses Gemini apenas era noticia. Hoy parece que le da tres vueltas a todos los demás. ChatGPT era el rey indiscutible y ahora Apple lo ha descartado como motor principal de Siri. Claude ha pasado de ser un desconocido a convertirse en la opción preferida de quienes buscan profundidad y matices. El modelo que hoy parece imprescindible puede quedar obsoleto en pocos meses.
Estamos en un momento donde podrías gastarte cientos de euros solo probando todas las IAs que te serían útiles de alguna forma. Y la tentación de pagar el plan anual “porque sale más barato” es real. Pero casarte con una herramienta en un mercado que cambia cada trimestre no tiene sentido.
Piensa de manera más estratégica. Elige las herramientas que tengan más potencial de integrarse de manera natural con tu ecosistema y tus necesidades reales. Exactamente como ha hecho Apple: no eligieron la IA más famosa ni la más barata, eligieron la que mejor encajaba con lo que necesitaban construir.
Y por si la pista no fue suficiente: Gemini está ganando ahora mismo. No porque sea perfecta, sino porque se integra con todo el ecosistema de Google que millones de personas ya usan. Cuando escribes un email en Gmail, Gemini puede sugerirte cómo terminarlo. Cuando tienes una reunión en Calendar, puede prepararte un resumen de los documentos relevantes en Drive. Cuando trabajas en un documento en Docs, puede ayudarte a estructurar tus ideas. La IA más útil no es la más potente en abstracto, es la que encaja con cómo tu ya trabajas hoy.
Tu trabajo es tener criterio
No necesitas ser experta en inteligencia artificial para usar herramientas de IA. No necesitas saber diseñar para tener una marca visual coherente. No necesitas dominar el SEO para que tu contenido llegue a quien tiene que llegar. Lo que necesitas es saber lo suficiente para tomar buenas decisiones y encontrar a las personas o herramientas adecuadas para ejecutar.
La verdadera independencia viene de tener claro qué hacer tú y qué delegar. De construir una red de colaboradores en los que confías. De entender que pedir ayuda es parte del juego.
La pregunta para ti
Si Apple, con su ego y sus recursos infinitos, ha decidido que es mejor aliarse con Google que seguir intentando sola, ¿qué estás intentando hacer tú sola que te estaría yendo mejor con ayuda?
Siéntate un rato en silencio, sin distracciones y respóndela. En serio.
Y para hacerlo más concreto, te propongo un ejercicio. Haz una lista de las tres tareas que más energía te quitan cada semana:
La que postergas una y otra vez
La que te frustra cada vez que la tocas
La que sabes que deberías hacer pero uffff ¡qué pereza!
Ahora pregúntate: ¿cuántas de ellas podrían resolverse con una herramienta, un freelance, o un profesional que ya sabe hacerlo? y ¿en qué tareas de más valor estarías invirtiendo tu tiempo si las sueltas?
La respuesta probablemente te sorprenda. Detrás de esa lista hay meses de frustración acumulada, energía desperdiciada y oportunidades que se te escaparon mientras intentabas aprender algo que otro podría haber resuelto en una fracción del tiempo.
Saber cuándo pedir ayuda es parte del trabajo.
Hasta Apple lo entiende. Quizá sea momento de que tú también.
